Descansar sabiendo que valió la pena aportar: Experiencia en los complejos turísticos de la Caja PREVER
Con 72 años y ya jubilado, el arquitecto Arturo Santiago Battistella mira su trayectoria profesional y su vínculo con la Caja PREVER con la tranquilidad de quien sembró a lo largo del tiempo. Iniciado en la profesión en 1977, su recorrido incluye trabajo en empresas constructoras, docencia en escuelas técnicas y el desarrollo de su propio estudio, con los desafíos y aprendizajes que toda vida profesional conlleva.
“Por ser matriculado del Colegio de Arquitectos, sabía que la Caja hacía doler un poco al principio, pero después uno iba a tener su resultado, su jubilación”, recuerda. En una época en la que los aportes no eran obligatorios, Battistella eligió sostenerlos por convicción, incluso recuperando años incompletos a través de una moratoria. “Hoy, viéndolo desde mi perspectiva, no aportar jugaba en contra mío. Por suerte pude completar varios años incompletos y llegar tranquilo”, señala.
Esa misma tranquilidad es la que hoy encuentra cuando disfruta de los complejos turísticos de la Caja PREVER, pensados como un beneficio concreto para quienes formaron parte del sistema durante toda su vida laboral.
Colón: comodidad, ubicación y calidad
El primer contacto de Arturo con el Complejo Turístico Colón fue a través de una reunión institucional. Tiempo después decidió volver, esta vez como turista, acompañado por su esposa y una pareja amiga. “Después de esa reunión dije: voy a probarlo para ver qué tal es”, cuenta.
Su experiencia más reciente, tras la puesta en valor del complejo, lo sorprendió gratamente. Destaca especialmente el proyecto arquitectónico y la forma en que fue resuelto: “Me gustó mucho lo que hicieron las arquitectas, el proyecto y cómo lo resolvieron”.
En cuanto a las instalaciones y servicios, Battistella subraya tanto lo edilicio como lo humano. Además, afirma que “todo es muy cómodo, nuevo y funcional”, y menciona detalles que marcan la diferencia: el quincho, la parrilla de acero inoxidable y el completo equipamiento de la cocina. A eso se suma un valor clave: la ubicación. “Los apartamentos tienen la ventaja de estar en la ciudad. Uno se olvida del auto, puede caminar, salir a comer. Todo está a seis o siete cuadras. Eso es un privilegio”, asegura.
Un lugar para compartir en familia
Para Arturo, los complejos de la Caja PREVER no solo son una opción de descanso personal, sino también un espacio ideal para compartir en familia. “Lo recomiendo para el descanso de las familias. Y ni hablar fuera de la temporada alta”, afirma. Tanto es así que ya tiene planes para volver.
Santa Ana: naturaleza y un entorno único
El Complejo Santa Ana es otro de los espacios que Battistella valora especialmente. Allí destaca las cabañas, que cuentan con cochera y parrilla, y el entorno natural donde se desarrollan. “Santa Ana es invalorable porque el terreno es privilegiado. Es uno de los lugares más hermosos del lago”, afirma.
Además, resalta unisono con otros afiliados un beneficio diferencial: “Para quienes tienen lancha, es ideal. Los clubes están al lado. Es bárbaro”.
Un beneficio que vuelve al afiliado
Consultado sobre las ventajas de los complejos turísticos de la Caja PREVER frente a otras opciones del mercado, Arturo no duda: “El valor de la estadía. Es difícil conseguir alojamiento al costo que pagás acá. Es una ventaja indiscutible para los afiliados”.
Desde su mirada, estos espacios representan una forma concreta de retribuir el esfuerzo de años: “Creo que es una manera de devolverle algo al afiliado. Ojalá hubiera más opciones”.
Antes de despedirse, deja un mensaje claro para sus colegas: “Les diría a todos que vayan, que no se pierdan la oportunidad de conocer los complejos. Es un lugar recomendable, agradable, lindo. Ser parte de esto y no usarlo, es como perderse algo”. Un testimonio que refleja cómo los beneficios turísticos de la Caja PREVER se transforman en experiencias reales de descanso, disfrute y reconocimiento para quienes acompañaron al sistema durante toda su vida profesional.

